La Aldea de San Nicolás

Valle agrícola y playa de pescadores

La Aldea, Artejévez o Artevirgo, estuvo densamente habitada por los antiguos canarios. La población canaria de esta época se extendía por todo el cauce de esta cuenca, a modo de pequeños poblados localizados cerca de los manantiales. En este período de la historia, el área de la desembocadura del barranco principal de La Aldea debió ser el asentamiento poblacional más importante del valle y de todo el Oeste de Gran Canaria.

La Aldea de San Nicolás, hasta 2005 denominada San Nicolás de Tolentino, está situada al oeste de la isla de Gran Canaria y es el tercer municipio en extensión, con 139 kilómetros cuadrados. Se alarga de norte a sur en una franja irregular costera de 33 kilómetros. Se trata de una costa considerablemente accidentada, alta, rocosa y con playas o pequeñas calas que se corresponden con las desembocaduras de barrancos o barranquillos. Limita con el municipio de Artenara al norte; con el de Tejeda al este y con el de Mogán al sur. En la isla se la conoce popularmente como La Aldea.

El territorio se distribuye en dos áreas bien definidas: el Valle de La Aldea, perteneciente a la cuenca hidrográfica del Barranco de Tejeda-La Aldea, y las pequeñas cuencas adyacentes de Tasarte, Tasartico y Güi-Güí, por lo que se le considera “una isla dentro de otra isla”. Se conforma desde la costa al interior y su altitud máxima, localizada en la Montaña de Los Hornos (Inagua), es 1.440 metros sobre el nivel del mar. Está cercada en sus límites norte y este por acantilados y barrancos. Esta disposición de formaciones volcánicas viene desarrollando un proceso erosivo hasta la actualidad. Se trata de una unidad geomorfológica de gran belleza paisajística y de un extraordinario interés científico, ya que está situada en la parte más antigua de la Isla.

Este municipio se encuadra en la parte más antigua de Gran Canaria: -14 a -13.4 millones de años, y desde entonces se viene desarrollando un proceso erosivo que perdura hasta la actualidad, con la excepción de las huellas de los ciclos eruptivos Roque Nublo y Post-Roque Nublo, Las Tabladas y la Punta. Esta zona está constituida por materiales del antiguo edificio en escudo que ocupó esta parte de la isla por lo que posee gran interés científico, geológico y geomorfológico además de conformar un paisaje de gran espectacularidad. La parte baja del barranco de La Aldea corresponden a la unidad de basaltos más antiguos de la isla de Gran Canaria, la formación de los Basaltos Miocenos, conformando la mayor cuenca hidrográfica de Canarias.

La Aldea de San Nicolás goza de un clima privilegiado, ya que las temperaturas permanecen constantes durante todo el año y las oscilaciones térmicas se mueven entre los 14º y los 28°C. Esto tiene como resultado que tengamos el privilegio de gozar de más de 3.500 horas de sol al año.

El 98% de su territorio está protegido por la Legislación Canaria que recoge los siguientes Espacios Naturales: Parque Rural del Nublo; Parque Natural de Tamadaba; Reserva Natural Integral de Inagua y Reserva Natural Especial de Gu Guy.Este alto valor ecológico queda refrendado por la inclusión de la totalidad de su territorio en la Reserva Mundial de la Biosfera del Oeste de Gran Canaria, declarada en París el 29 de junio de 2005.

Los montes de Inagua, Ojeda y Pajonales constituyen uno de los pinares naturales mejor conservados de Gran Canaria. Esto unido al hecho de albergar varias cabeceras de barrancos importantes (Mulato, Mogán, Veneguera, Tasarte, Siberio…), le confiere un papel fundamental en la recarga hídrica subterránea y la conservación del suelo.

La flora se compone de varios endemismos amenazados, algunos de los cuales tienen aquí sus mejores poblaciones como la especie de jarilla de Inagua y la de turnero peludo.
Existe una gran riqueza en cuanto a especies autóctonas y endémicas, como es el caso del último reducto del Cedro Canario (Juniperus Cedrus) que se encuentra localizado en la Montaña de Los Cedros. Destacan los cardones, tabaibas, tarahales y juncos que pueblan los cauces de los barrancos, pasando por la tan conocida palmera canaria (Phoenix canariensis) con interesantes reductos en Tocodomán y Tasarte, los acebuches, almácigos y sabinares de la zona de transición y, finalmente, en la zona de montaña, los hogarzos, los escobones y los pinos canarios (Pinus canariensis).

Entre la fauna local destacan la paloma, la aguililla, el pinzón azul, la perdiz roja de La Aldea, los lagartos, etc…Entre la fauna marina destacan la vieja, el sargo, la morena, el pulpo, los moluscos y una exuberante riqueza de fondos marinos.

Historia

La población prehispánica en La Aldea fue el poblado más importante del oeste de Gran Canaria, en el que destacaba notablemente el de Caserones. Los asentamientos se extendían por todos los cauces de la cuenca, a modo de pequeños poblados, localizados cerca de los manantiales y aprovechando las solanas y oquedades del terreno: en la desembocadura del barranco principal de La Aldea, en Las Gambuesillas, Cormeja, Los Palmaretes, la Degollada de Los Corraletes, Artejeves, El Pueblo, Tocodomán-El Hoyo, la Degolladita de Gómez, Furel, Tasarte, Tasartico, Guguy (Güi-Güi) y, probablemente, en la zona baja, la tradicional franja fértil del valle de La Aldea, en la que, por roturarse desde los primeros años de la Colonización, fueron destruidas las construcciones canarias (poblado de Los Caserones).

La localización en La Aldea de una importantísima explotación minera de obsidiana supone la posible existencia de un elemento importante en la economía del trueque, basada en su habitual utilización, escasez, esfuerzo de extracción y transporte desde la explotación, además de su operatividad para el cambio. Este vidrio volcánico no sólo se encuentra en los yacimientos arqueológicos de La Aldea, sino también esparcido por los restantes de la isla, lo que avala su importancia en el marco de la economía aborigen.
En 1352 se establece en Gran Canaria una misión mallorquina con 30 frailes y 12 esclavos convertidos. Los datos sobre esta y otras expediciones son confusos. Lo cierto es que las primeras crónicas señalan que una de esas misiones mallorquinas se estableció en la playa de La Aldea, donde se erigió una pequeña ermita en honor a Aldea de San Nicolás, que debió estar ubicada en una de las cuevas que aún subsisten en El Roque.

En los últimos meses de la Conquista, tuvo lugar en este término municipal el cruento encuentro bélico de Ajódar (Tasartico), donde la resistencia canaria infligió a las fuerzas de ocupación la derrota más humillante que sufrió en esta isla. En ella murió toda una compañía de 200 ballesteros y su capitán, Miguel de Mújica, víctimas de un estratégico plan de defensa de los canarios. Las crónicas cuentan que, si no hubiera sido por la intervención del guanarteme converso, Tenesor Semidán, el propio gobernador, Pedro de Vera, también hubiera sido aniquilado por los canarios.

Después de Ajódar, en un dilatado espacio de tiempo, ni crónicas ni relaciones históricas se ocuparán de recoger información sobre este valle, escribiéndose muy poco en los siglos siguientes sobre la lejana y olvidada Aldea de San Nicolás.

A principios del siglo XVI, aparece vinculada una parte del valle de La Aldea, con las aguas que discurrían de Tejeda, a la familia de Pedro Fernández Señorino de Lugo, hermano de aquel capitán que más tarde sería nombrado por los Reyes Católicos como Adelantado de Canarias. Con posteriores traspasos en aquel siglo, tales derechos pasaron al noble Tomás Grimón, causante de la Casa Nava-Grimón, a la que los vecinos de La Aldea discutieron su propiedad durante siglos.

A partir del siglo XVII se van consolidando en el valle de La Aldea propiedades agrarias particulares, por usurpación, en su mayor parte, de los espacios públicos. La Casa de Grimón, tras ganar a un grupo de colonos apoyados por el Cabildo, en 1645, un primer pleito y adquirir, por compras, otros cortijos, inicia un proyecto de acaparación de toda la banda Sur del valle y que, tras vincularla a su mayorazgo (1667), culmina, a excepción del cortijo de Tocodomán, sus descendientes, los Marqueses de Villanueva del Prado.

La relación social establece el poder de éstos como terratenientes y a todo el pueblo como colonos, al partido de medias perpetuas. Esta posesión será conflictiva, debido a la fuerte y dilatada oposición que esta casa encuentra en los medianeros enfiteutas, que a lo largo de muchas generaciones protagonizan el célebre proceso histórico conocido por “El Pleito de La Aldea”, que determina la historia del pueblo hasta su solución, en 1927, y sustancia un complejo proceso judicial, junto a largas y alternantes revueltas sociales.

Economía

Actualmente la base económica del municipio sigue siendo el tomate de exportación, a pesar de la existencia de un clima de incertidumbre creado por la coyuntura internacional y la política agraria y comercial de la Unión Europea.

El municipio de La Aldea se podría considerar casi en su totalidad como una de las últimas reservas agrícola-paisajísticas que existe en la actualidad en Gran Canaria. Los núcleos de población del municipio son Artejevez, Barranquillo Hondo, Casco, Castañeta, Cercadillos, El Albercón, El Barrio, El Cruce, El Hoyo, El Pinillo, El Polvorín, El Ribanzo, El Taharalillo, Jerez, La Cardonera, La Cruz, La Hoyita, La Ladera, La Playa, Ladera del Palomar, Las Marciegas, Las Tabladas, Lomo del Carmen, Los Cardones, Los Caserones, Los Espinos, Los Pasitos, Mederos, Molino de Agua, Molino de Viento, Tasarte, Tasartico y Tocodomán.

Además de plátanos y tomates, en La Aldea se pueden degustar excelentes pescados ‘roqueros’ y de altura. Es muy conocida la ropa vieja de pulpo que nació del ingenio del propietario del restaurante de La Playa de Tasarte. Actualmente se ofrece en el mismo y en los restaurantes de la Playa de La Aldea, los domingos. No hay que perderse el caldo de pescado, el mojo hervido de morena, la morena frita y el escaldón de gofio.

En cuanto a las carnes destacan la de cabra, por la importante cabaña ganadera, y la de oveja pelibuey. Los quesos de La Aldea gozaron de gran fama cuando la ganadería era un sector de importancia. Hoy en día las pocas queserías que quedan ofrecen quesos de gran calidad. Abundan también los frutos tropicales: el plátano canario, los papayos, mangos, guayabos y aguacates. Son exquisitas las confituras caseras de tomates, papaya, mango y tunos, y la repostería local basada en estos frutos, como el dulce de mango, el dulce de papayo, queques y mantecados.

De interés

A lo largo de los 33 kilómetros de la costa de La Aldea de San Nicolás se intercalan playas de piedra, pequeñas calas, cuevones, playas de arena, etcétera. En su mayoría son playas poco transitadas que se conservan intactas en un paisaje natural casi virgen.

La principal playa se encuentra ubicada desde los restos del poblado aborigen de Caserones hasta el antiguo muelle y el almacén anexo (que construyera el comerciante alemán Ernesto Carlos Jaacks a principios del siglo XX). En este almacén se encuentra ubicado el Centro de Interpretación del Area Marina Ecoturística Litoral.
Lugares destacados en el enclave de La Playa son: El Roque – lugar donde estuvo ubicada la Ermita que construyeron los frailes mallorquines, El Charco, el Parque Rubén Díaz y la antigua destilería de ron. Más hacia el norte se encuentra la playa del Puerto; lugar de encuentro de muchas familias aldeanas y visitantes foráneos que buscan tranquilidad. Esta pequeña cala nos ofrece su arena negra y sus aguas cristalinas.

También destacan las Playas de Tasarte y Tasartico, y, muy especialmente, las playas de Gu-Guy, de arena negra y de gran belleza por el entorno que las envuelve. Se caracteriza por barrancos y acantilados compuesta por una importante población de flora (termófila, cardones y tabaibas) y fauna (principalmente aves). Entre los acantilados se encuentra la playa homónima a la que se tiene que acceder caminando más de dos horas por medio de una montaña o en barca.

El Parque Temático de Cactus, Cactualdea, es el mayor de Europa. Ubicado en un entorno natural muy agradable y con una decoración bastante acorde con el mismo y con la zona. Se pueden ver cientos de especies diferentes de cactus procedentes de todos los rincones del mundo, así como gran número de especies autóctonas y endémicas, en cuanto a flora se refiere. El Parque cuenta además con una bodega, donde se ofrecen vinos regionales y nacionales, restaurante, salones para la celebración de eventos, tienda de artesanía y tienda de souvenirs.

El Complejo Arqueológico de Los Caserones, es de gran importancia. En él se encontró una rica colección de pintaderas e ídolos de barro y piedra que actualmente se conservan en El Museo Canario. Actualmente se puede visitar el Túmulo Funerario del Lomo de Caserones (Playa de La Aldea).

La representación más llamativa de la etnografía aldeana está representada por el Proyecto de Desarrollo Comunitario La Aldea. Hombres y mujeres escenifican, en una red de museos vivos, la cultura y tradiciones de La Aldea que, además de observarse, puede participarse en las mismas.

Fiestas

A las 5 de la tarde, un cohete da el aviso: la multitud se lanza al charco a pescar
(Fotografía: Tato Gonçalves).

La Fiesta del Charco es el acto más esperado y multitudinario de las fiestas de La Aldea de San Nicolás en Gran Canaria. Cada 11 de septiembre, dentro de las fiestas patronales en honor a San Nicolás de Tolentino, miles de personas se tiran al Charco a las 17:00 horas para atrapar el mejor pescado, aunque pocos lo consiguen. Lo importante es divertirse y darse un baño rodeado de buen ambiente. Los sistemas de pesca son realmente variados. Algunos utilizan cestas o redes aunque otros se lanzan a por los peces con sus propias manos. Su origen está en la ancestral costumbre de embarbascar en los charcos costeros para pescar los peces con facilidad, una vez narcotizados. Ha sido declarado BIC recientemente.

Más información:
Oficina de Información Turística
Calle Dr Fleming 57 (cruce de Mogán)
928 890 378
www.laaldeadesannicolas.es