Mirlos que rescatan la laurisilva

Si el cambio climático y los incendios forestales no lo impiden, Gran Canaria podría volver a tener frondosos bosques de laurisilva de aquí a 50 años. El abandono de los cultivos en las medianías del Norte ha dado paso a la expansión de olmedos o castaños bajo los cuales están apareciendo especies propias de la laurisilva. Las semillas las dispersan los mirlos.

Los mirlos, que antaño fueron los peores enemigos de los agricultores, esconden la clave de un proceso  casi milagroso que en los últimos años se está observando en el norte de Gran Canaria con el rebrote de especies de laurisilva y la formación de pequeños bosques en lugares ocupados hace apenas 30 años por bancales de cultivos.

Si los incendios forestales y el cambio climático no frenan el proceso, Carlos Velázquez, ingeniero de Montes del Servicio de Medio Ambiente Cabildo de Gran Canaria, está convencido de que en 50 años entre el barranco de Los Cernícalos, en Valsequillo, y Agaete podría volver a existir la pantalla verde de 14.000 hectáreas que había en la época de la Conquista.

La  propia dinámica de la naturaleza está haciendo que a la sombra de los olmedos, alamedas o castaños que han colonizado la antiguas zonas de cultivos del Norte estén creciendo viñatigos, laureles o madroños, especies propias de esa laurisilva de la que apenas quedan unas 150 hectáreas.

Lo más llamativo de este proceso, que han seguido, además de Velázquez y el Cabildo grancanario, el geógrafo José Julio Cabrera y muchos otros, es que «aparecían especies de laurisilva brotando a la sombra de otros árboles lejos de donde estaban sus semejantes y que, evidentemente, no era el viento quien transportaba las pesadas semillas». Eran los pájaros, en concreto los mirlos, los que se alimentaban de esas semillas y las regurgitaban en los bosquetes de olmos o castaños donde se cobijaban, explica Carlos Velázquez.

«Las aves funcionan como verdaderos dispersores de semillas», un fenómeno conocido como ornitocoria que por si sólo quizás no recupere los bosques de laurisilva de Gran Canaria, pero sí, dice Velázquez, «si se potencia», creando posaderos, bebederos y estaciones de comida para mirlos en zonas arboladas que hacen de nodriza a la laurisilva, así como núcleos de dispersión que sirvan para inocular todo el territorio.

Artículo publicado en el Canarias 7 http://www.canarias7.es/articulo.cfm?Id=429734429734-5p




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