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La selva Doramas, un paraíso perdido en la Literatura

El poeta Tomás Morales en una fotografía de autor desconocido (Archivo FEDAC-Cabildo Gran Canaria)-

La existencia de una gran selva que ocupaba el norte de Gran Canaria ha llamado la atención de viajeros durante siglos. Tras la conquista castellana, ese bosque de laurisilva fue desapareciendo (roturación de tierras para la agricultura, combustible para los ingenios azucareros, leña para los hogares de los colonos, madera para construir casas, carbón vegetal para los barcos). De la tala se salvó un estrecho espacio en el barranco del Laurel: Los Tilos. La selva Doramas y Los Tilos han causado fascinación a quienes lo han conocido: en la Literatura hay numerosas referencias de autores como Leonardo Torriani, Cairasco de Figueroa, Viera y Clavijo, Hermanos Millares, Basil Miller, Tomás Morales, Miguel de Unamuno, etc. Y al escribir de Los Tilos, muchos de ellos hacían referencia también a su gran amenaza: ¡el hacha!

El bosque de Los Tilos de Moya en una antigua postal.

La primera guerra mundial extendió la labor de los leñadores por las montañas que rodean el barranco del Laurel (como se llama el tramo del barranco de Moya que atraviesa la reserva de Los Tilos). Según los testimonios orales recogidos entre testigos de aquella tala, “se podía bailar al ritmo de las hachas”. La madera hacía falta para hacer carbón: “Se hacía unas hornas grandes selladitas y bien arregladas. Después diba quemando y cuando estaba quemada se sacaba y diba para los barcos”, relató en una entrevista para televisión el último leñador que sobrevivió a esa época, y ya fallecido, Maximiano Castellano.

La selva Doramas, como inspiración en la Literatura, ha sido objeto de un amplio reportaje en la revista canaria Pellagofio. “La presencia de la mítica y desaparecida selva de Doramas (que debe su nombre a un guerrero de los antiguos canarios, que luchó contra la ocupación castellana) en la literatura o en citas de diversos autores es una constante en los últimos siglos, desde que a ella llegaron los primeros europeos. Los Tilos, como uno de sus rincones y reductos más espectaculares, acapara parte de ese protagonismo”, escribe su editor.

Portada de la revista Pellagofio dedicada al tema Los Tilos y la Literatura.

Y añade: “Por cierto, el plural de las palabras que acaban en “L” como árbol, canal, caudal, rosal se construye añadiendo el sufijo “ES”: árboles, canales, caudales, rosales. El plural de til (árbol de la laurisilva canaria) es, pues, tiles; pero popularmente se conoce el lugar como Los Tilos (por confusión o analogía con el árbol europeo tilo) y así lo cita el Cabildo en el libro La toponimia de Gran Canaria“. Por eso, denomina “Tilos” al topónimo y “tiles” al plural de til.

Con autorización del editor de Pellagofio, ofrecemos un amplio extracto del reportaje “Selva, misterio, locura… ¡el hacha!”, cuya versión íntegra pueden leer en la web de dicha revista:

Leonardo Torriani
El ingeniero militar de origen italiano Torriani escribió en 1590 Descripción de las Islas Canarias, tras recorrer el archipiélago por encargo del rey Felipe II, que le encomendó la tarea de visitar las fortificaciones existentes y mejorar las defensas. En el capítulo XXVIII “De la Gran Canaria y su descripción”, dice:

Cairasco de Figueroa
“Entre las cosas dignas de mencionarse está la montaña de Doramas, que, mirando hacia el Norte, tiene aguas frescas, cerros amenos, y sitios extraños y cuevas toscamente hechas, y varias clases de árboles en número infinito, que con sus excelsas cimas parecen rebasar el término de su crecimiento”.

Al traducir la obra de Torcuato Tasso Jerusalén libertada (1584), el poeta y canónigo canario de origen italiano Bartolomé Cairasco de Figueroa añade de su propia cosecha 48 octavas de gran interés en el Canto XV del poema, por referirse a las Islas Afortunadas en las que vivía. “La traducción del Tasso era quizá la obra más difícil que podía proponerse un poeta de fines del siglo XVI”, afirma el prologuista de la edición publicada en 1967, Alejandro Cioranescu.

En el citado Canto XV califica a Gran Canaria entre las demás del archipiélago, “de las islas princesa” y prosigue: “…florece la admirable selva / que el nombre ha de heredar del gran Doramas, / do no entrará discreto que no vuelva / con rico asombro de su sombra y ramas”. Y continúa algunas octavas después:

Si aquí se corta un árbol, es notorio
multiplicar el tronco muchedumbre,
que arriba en pocos años al cimborio
de todos los demás, con igual cumbre.
No puede el coliseo y consistorio
del apolíneo rayo entrar la lumbre,
aunque parece ingratitud formada
a quien el ser le dio, negar la entrada.

José Viera y Clavijo, historiador de Canarias.

Viera y Clavijo
En su Historia de Canarias, quizás la obra más conocida del clérigo ilustrado José Viera y Clavijo, autor que vivió entre los siglos XVIII y XIX, también hay una “Descripción de la montaña de Doramas” (así la titula): “Jamás ha penetrado el sol el laberinto de sus ramas ni las yedras, hibalveras y zarzas se han desprendido de sus troncos. La gran copia de aguas claras y sumamente frías que en arroyos muy caudalosos cortan y bañan el terreno por diferentes parajes, especialmente en las que dicen Madres de Moya, conservan un suelo siempre entapizado de yerbas medicinales y olorosas. El canto de los pájaros y el continuado vuelo de las aves que allí habitan en infinitas tropas dan un aspecto delicioso a toda la selva”.

Viera y Clavijo también alude en este mismo texto, pocas líneas después, al lugar más emblemático de Los Tilos: “Hay un sitio que los paisanos llaman La Catedral, que a la verdad representa una gran pieza de arquitectura, decorada de columnas, arcos y bóvedas. Finalmente, toda esta montaña tiene bellos lejos y puntos de perspectiva; y si los bosques afortunados de los Campos Elíseos no tuvieron en nuestras islas su asiento, esta montaña es una buena prueba de que le debieron tener”.

Hermanos Millares
Los Hermanos Millares, firma que reunía a los polifacéticos Luis y Agustín Millares Cubas, son autores de la obra de teatro La herencia de Araus, representada por primera vez en el Teatro Cervantes de Málaga en enero de 1903. Este drama en tres actos y en prosa transcurre en el bosque Doramas (que llama “la selva”) y, de modo más concreto, en Los Tilos (hay alusiones concretas, como el lugar conocido por el nombre de La Catedral). Uno de sus principales personajes, Lorenzo, se volverá loco cuando quieren talar el bosque:

Antigua fotografía coloreada de arrierros en el interior de Los Tilos de Moya, entre árboles de gran porte.

“En mi vagar solitario y desesperado por la selva, cuántas veces me detuve temblando, creyendo oír detrás de mí los pasos del hombre, la aproximación lenta e inflexible del que constantemente me acecha y me vigila para hundir el hacha en el corazón de mis hermanos de la selva. Es el enviado de otro, del que codicia mi herencia con el ardor salvaje del que anhela robar la mujer del prójimo. Cuántas veces he sentido la voz desgarradora de los árboles: — ¡Hermano, defiéndeme! Y yo temblaba de impaciencia y rabia. Presentía el despojo, adivinaba el vencimiento. La hora estaba próxima. Los troncos caían, segados brutalmente por la base”.

Los Hermanos Millares describen el lugar, por boca del personaje citado, con palabras como las siguientes: “…persistía la imagen santa de la selva, de su penumbra misteriosa en que los pájaros cantaban y el agua fluía y las nieblas colgaban de las ramas como los velos de un altar y las hojas murmuraban eternamente elevando a los cielos una oración inmensa”.

Basil Miller
En el libro Saga canaria. La Familia Miller en Las Palmas 1824-1990 (Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria, 1994), Basil Miller recuerda diversos episodios de la vida familiar de los Miller en Gran Canaria, entre los que destaca sus excursiones a Los Tilos. “Durante las vacaciones escolares, todos ansiábamos las expediciones campestres hacia el lugar favorito de Los Tilos (…). Era un viaje de dos días de duración a caballo. El grupo familiar era de unas quince personas, incluyendo la gobernanta y los primos visitantes. Además, algunas de las sirvientas, el cochero y los ocho jardineros, que también iban para ayudar con el transporte de bultos, armar las tiendas y muchas otras tareas”. Para tan concurrida expedición, dice, se organizaba “una larga hilera de caballos, mulas y asnos” que debían alquilar.

Los Tilos era “un bosque encantador”, afirma. “Un arroyo corría hasta el valle, a través de laureles canarios, y cada cincuenta yardas, más o menos, formaba piscinas de aguas claras lo bastante profundas como para nadar y lanzarse de cabeza”.

Tomás Morales
En su poema “Tarde en la selva”, incluido en Las Rosas de Hércules, Tomás Morales escribe de la selva de Doramas y Los Tilos:

Tarde en la selva. Agreste soledad del paisaje,
decoración del rayo de sol entre el ramaje
y lento silabeo del agua cantarina,
madre de la armoniosa tristeza campesina.
¡Tarde en la selva! Tarde de otoño en la espesura
del boscaje, en el triunfo de la arboleda oscura,
bajo la advocación de las copas sonoras
y el plácido consorcio de las dormidas horas…

¡Oh paz! ¡Oh último ensueño crepuscular del día!
El ambiente era todo fragancia; atardecía,
Y la lumbre solar en fastuosas tramas
Quemaba en las florestas su penacho en llamas.
Todo el bosque era un hálito de aromas peculiares;
Las hojas despertaban sus ritmos seculares,
y bajo ellas, soñando y a su divino amparo,
la música frescura del riachuelo claro
que el salto de una roca transformaba en torrente.

Miguel de Unamuno retratado en Canarias.

Miguel de Unamuno
El escritor y filósofo español, nacido en Bilbao, Miguel de Unamuno, estuvo en Canarias en un par de ocasiones. Cuando visitó Gran Canaria a mediados de 1909, recorrió parte del interior de la isla en una excursión que le llevaría por Teror, Valleseco, Cruz de Tejeda, Artenara… y Los Tilos de Moya:

“Bajamos a los Tilos, desde la finca de San Fernando, por un abrupto atajo. Y allí, en el fondo, una riqueza de frondosidad. Y un arroyo, un verdadero arroyo, con agua fresca, rumorosa y corriente. En ella hundí mis pies enardecidos y en el chorro de una fuente chapucé mi cabeza”.

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Comentarios (1)

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  1. chaporro dice:

    Mtica selva-bosque de nuestros ascentros,lugar paradisiaco de solemnes encuentros.domingueros,recorrido tus parajes pisado tus hojarascas,escuchando el rumor de los arroyos me senti morir,recordando epocas preteritas,momentos glorioso.

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