Santa María de Guía

El municipio de Santa María de Guía está situado en el norte de la isla de Gran Canaria, a tan sólo 22 kilómentros de la capital y bien comunicado también con la zona centro de la isla. Con una población de alrededor de 14.000 habitantes y una superficie de 42,59 kilómetros cuadrados, limita con Gáldar por el Sur y Oeste, con el municipio de Moya por el Este y Sureste, y con el Océano Atlántico por su franja norte.

Cuenta con temperaturas agradables durante todo el año en las zonas más cercanas a la costa y con un clima más frío y húmedo, en el invierno, en las zonas de medianías y cercanas a la cumbre. Aquí el paisaje se caracteriza por la alternancia de profundos barrancos y suaves lomas, con zonas boscosas y otras de pastos o terrenos agrícolas. Se diferencia del paisaje de la costa que destaca por su erosión y rocosidad, donde imperan grandes acantilados expuestos al rompiente.

Medio Físico

Su orografía es compleja y agreste, abarcando espacios que van desde las cumbres más altas, pasando por las medianías, hasta llegar a la costa. Su perímetro forma una especia de triángulo con ángulo cerrado en la zona de cumbre, en donde alcanza los 1.530 metros de altitud apróximadamente.

La zona baja, las medianías y la cumbre, tres áreas perfectamente diferenciadas del municipio, presentan variedad de formas y de paisajes. A medida que penetramos en el interior, el número de días soleados al año disminuye, llueve más y las temperaturas son más bajas.

La línea litoral se extiende entre Caleta de Arriba y la Punta de Moya, donde encontramos la amplia playa de San Felipe, conocida por sus estupendas condiciones para la práctica del surf. Muy próximos a la costa se levantan los conos volcánicos del Pico Ajódar (el cono volcánico más grande de la isla con 434 m. de altura) y de el Gallego, que cuenta en su vertiente suroriental con un antiguo granero aborigen (Cenobio de Valerón) y en la cima con un tagoror. Al pie del pico Ajódar, por su lado suroeste se extiende la Vega de Gáldar, una de las más fértiles vegas agrícolas de la isla.

En las medianías del municipio, entre los 300 y los 1.300 m de altitud, podemos disfrutar en nuestro recorrido geográfico de la Reserva Natural de El Brezal, la mayor superficie de monteverde de Gran Canaria, y en casi todo el límite de Moya, a lo largo del barranco del mismo nombre, se encuentra el Parque Rural de Doramas, que nos recuerda la exuberancia del antiguo Bosque de Doramas, ejemplo de laurisilva, que no pudo sobrevivir a la conquista y colonización por los españoles a fines del siglo XV.

Camino de las tierras de cumbre se halla otro importante cono volcánico, la Montaña de Vergara, que como los anteriores conos citados ofrece vistas magníficas. Y ya de lleno en la zona de cumbre, a partir de 1300 m de altitud, donde ésta se vuelve pinar, está el Paisaje Protegido de Cumbres, con el dominio del picón y del pino canario.

El Municipio de Santa María de Guía presenta desde el punto de vista geomorfológico, un relieve caracterizado por la presencia de extensos lomos atravesados por toda una red de drenaje. Durante millones de años, la actividad volcánica ha ido aportando materiales a la vez que la erosión ha actuado esculpiendo un relieve hoy típico de toda la banda norte de Gran Canaria. La pendiente media es superior al 15%, y los barrancos son en forma de V, más estrechos en los tramos medios y ligeramente ensanchados en las cabeceras.

En lo que a su litoral se refiere, y siguiendo con las formas del relieve, se observa que su franja oriental de costa presenta una plataforma de abrasión marina en San Felipe, y por acantilados que se extienden hacia el oeste, siendo especialmente llamativos los cantiles en la zona de El Mármol, ámbito de elevando interés no sólo desde el punto de vista geomorfológico, sino también por su flora y fauna.

El municipio de Santa María de Guía cuenta con una superficie equivalente a 570,82 hectáreas protegidas por la Ley de Espacios Naturales Protegidos de Canarias, lo que supone un 16% del total de su territorio. Sólo la Reserva Natural Especial de El Brezal se encuentra integramente dentro de los límites municipales. El resto de los espacios protegidos están compartidos con otros municipio: Reserva Natural de los Tiles de Moya, Parque Rural de Doramas, Monumento Natural del Montañón Negro y el Paisaje Protegido de Las Cumbres.

Flora y fauna

En cuanto al paisaje vegetal, entre los 0 y 200 metros de altitud, y caracterizado por una precipitación media que raramente supera los 250 mm y una temperatura media anual de 20ºC, se da un piso de vegetación conformado en las cotas más bajas por una comunidad halófita (adaptadas a una alta salinidad), que conforme se aleja del litoral es sustituida por otra xerófita (propia de ambientes secos) representada fundamentalmente por el cardonal-tabaibal. Destacan los magníficos tabaibales de la Hoya del Puerto y del barranco de El Río.

Según ascendemos encontramos primero el piso termófilo, que en esta banda se simboliza de forma más extensa por la presencia de los palmerales, tanto de palmera canaria como de palmera africana. Ejemplos representativos de este ecosistema son los palmerales del barranco de Valerón y de El Hormiguero.

Por encima de los 450 metros aproximadamente se encuentra el área potencial del monteverde, comunidad principalmente arbórea representada por la laurisilva y el fayal-brezal, y que en la actualidad está representada en esta isla por escasos relictos debido a las talas masivas que se realizaron en el siglo XIX para la extracción maderera y el aprovechamiento de las tierras para cultivo. En la actualidad solo se cuenta pequeños relictos ocasionales allí donde no fue posible la actividad campesina, como fueron fondos de barranquillos como el Calabozo, Cardoso o el barranco de El Pinar.

Una comunidad arbustiva invade hoy muchos de los espacios agrícolas y ganaderos abandonados, en donde se distinguen granadillos, escobones, retamas o zarzales y, debido a la política forestal iniciada a mediados del siglo pasado, se distribuyen en la zona pequeños bosquetes monoespecíficos de pinos (pinar del Cortijo de La Solapilla, pinar de Pavón o pinar del Llano del Veneno) y eucaliptos.

Finalmente, en las zonas más altas del municipio encontramos los denominados prados de diente, pastizales de gramíneas que ocupan áreas ligadas -especialmente en el pasado- a un productivo uso pastoril.

La Fauna del municipio está integrada por reptiles, entre los que destacan el Lagarto tizón (Gallotia galloti) y el Lagarto canarión (Gallotia stehlini). También son muy frecuentes el Perenquén común (Larentola delalandii) y la Lisa común (Chalcides viridyanus). La potencial destrucción de las grandes paredes de piedra seca es un peligro para su conservación.

Son habitantes estables numerosas aves, como el Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus), la Lechuza común (Tyto alba), la Abubilla (Upupa epops) y el Avión común (Delichon urbica). También hay especies que eligen la zona de San Felipe como lugar de invernada, como la Garza real (Ardea cinerea), que frecuenta los estanques.

Tratamiento especial merece la Pardela cenicienta (Galonectais diomedea), especie de gaviota nocturna que nidifican en lo alto de los riscos de San Felipe, y cuyos polluellos se malogran con frecuencia cuando inician los primeros vuelos nocturnos, al ser deslumbrados por el alumbrado urbano.
Entre los mamíferos protegidos se puede encontrar el Erizo moruno (Erinaceus algirus algirus). Otra especie frecuente, aunque no está protegida, pero tiene un elevado valor cinegético es el conejo silvestre, al igual que tórtolas salvajes.

Respecto al litoral, existen fondos de gran belleza, aunque el mar suele tener oleaje. Existe una gran variedad de peces de roca, crustáceos, moluscos (lapas) y cefalópodos (pulpo), que merecen ser protegidos por el exceso de capturas.

Historia

Una vez acabada la conquista de Gran Canaria, en el año 1483, comienza el reparto de tierras entre aquellos que habían participado en la misma. Sancho de Vargas y Machuca, joven castellano de profundas convicciones religiosas, interviene activamente en la conquista de Gran Canaria, por lo que, en la distribución territorial inminente a la victoria castellana, resulta favorecido con una loma que,  a modo de anfiteatro natural, queda delimitada entre los barrancos de las Garzas y de Guía.

La historia de Guía surge en el preciso instante en que Sancho de Vargas y Machuca proyecta erigir una iglesia en honor a Santa María de Guía. De este modo se explica cómo el topónimo responde a la advocación mariana del fundador de esta ignota parroquia. Sin una fecha bien definida que marque el inicio de construcción de la ermita, estiman los historiadores  que comenzó entre 1490 y 1491, confirmándose que en 1509 está totalmente finalizada.

Al igual que sucede con otros asentamientos de la comarca, la entonces villa de Guía surge como un nuevo núcleo poblacional, sin que existiera ninguna ocupación de este espacio con anterioridad a la creación de la nueva ermita.

En 1526 Guía de Gran Canaria se segrega administrativamente de Gáldar, una decisión que no contó con el beneplácito de los galdenses. El primer alcalde de Guía fue Fernando Alonso de la Guardia. Nació así la Villa de Guía. Más tarde, en 1629, en los Sinodales del Obispo Cristóbal de la Cámara Murga, es nombrada como Guía. Y así aparece hasta una Visita Pastoral a Gran Canaria del Obispo Juan Francisco Guillén del 23 de mayo al 16 de junio de 1745, donde aparece como Villa de Guía.

A esta fundación original se le une una forma de poblamiento igualmente inédita en la comarca, esto es, un poblamiento concentrado y no disperso, de claras reminiscencias castellanas. Un tercer factor que define la peculiaridad de la misma es la topografía previa y la exigencia de conservar los espacios fértiles para el desarrollo de las actividades agrícolas. De esta manera, el crecimiento de la villa se realiza hacia lo alto de la loma y no hacia la vega, dejando al centro neurálgico de la localidad, iglesia y plaza, como límite  inferior del núcleo, y no en el centro del mismo, hacia donde convergen las calles de la entidad, tal y como se basa  el modelo hispánico bajomedieval.

Gracias a la disponibilidad de agua, al estar emplazado el lugar entre dos barrancos o arroyos permanentes que, sin llegar a ser ríos, sí corrían todo el año, así como a la potencialidad de las tierras colindantes, surge, en torno a la ermita, un núcleo de población integrado por nobles procedentes de la cercana Gáldar, y comerciantes genoveses, como la familia de los Riberol. A estos  estamentos se le avecina una mano de obra especializada en las actividades agrícolas, que se asentará en el actual barrio de San Roque. Curiosamente, los lugareños conocían a estos núcleos, entonces separados, como Villa Arriba y Villa Abajo.

Desde sus comienzos, y al igual que el resto de la comarca, la forma de vida y la economía guiense gira en torno a la agricultura. Con las disponibilidades de agua y de tierras aptas para su cultivo, se introduce la caña de azúcar. La implantación de este cultivo trae consigo nuevos factores socioeconómicos, ya que sirve de lanzadera hacia una proyección de trascendentales consecuencias para esta localidad.

La generación y elevación de las rentas de la población local, gracias al cultivo de la caña y a los ingenios azucareros, actúan como polos de atracción para numerosos inmigrantes, conformándose en pocos años un asentamiento humano de relativa importancia. De esta manera, muy pronto, en el año 1526, Guía de Gran Canaria se segrega administrativamente de Gáldar. Esta separación no contó con el beneplácito de los vecinos galdenses, que elevaron  una protesta ante el mismísimo emperador para que impidiese esta separación. Con toda seguridad, este es el germen de la tradicional y sana rivalidad que históricamente ha caracterizado las relaciones entre los vecinos de ambas localidades.

Al igual que en el resto de la comarca y, por ende, de las islas, son los tradicionales ciclos económicos los que marcan la intensidad y duración de cada uno de los cultivos que caracterizan a estos peculiares episodios históricos. A la caída de la caña de azúcar le sucede el cultivo de la vid que, introducido desde las primeras décadas del siglo XVI, y destinado a una producción para el consumo interior, alcanza su apogeo en el siglo XVII. Buena fama cosecharon los caldos de Guía, pues en 1629, el obispo Cristóbal de la Cámara y Murga afirmó:“ Tiene grandes heredades de viñas y son los mejores vinos que se recogen en toda la isla”.

Su desarrollo económico y social es continuo y alcanza tal condición que Viera y Clavijo, en su Historia de Canarias, concluye: “… y , sin duda, es el pueblo mejor y de más lustre después de la capital”. Esta condición económica es fácil de advertir en la arquitectura de sus casas.

A finales del siglo XVII, la villa se divide en dos barrios surgidos en torno a los centros religiosos: uno, alrededor de la Ermita de San Roque, y otro en torno a la parroquia de Santa María de Guía. Durante el siglo XVIII, Guía alcanza uno de los más destacados desarrollos económicos, sociales y culturales, lo que genera un fuerte incremento de la población.

La villa de Guía de Gran Canaria accede al título de ciudad el 1 de octubre de 1871, gracias a las gestiones realizadas por el egregio político canario Fernando León y Castillo, Marqués del Muni. Como anécdota de este importante capítulo para la historia municipal, y en agradecimiento a esta solemne concesión, el alcalde y el juez del municipio pasearon por las calles un retrato del entonces  monarca Amadeo I, acompañados por el repique de las campanas y los cantos patrióticos de los nuevos ciudadanos.

Es a principios del siglo XX, con la introducción del plátano, y hasta los años sesenta de esa centuria, cuando Guía vive su último episodio de esplendor económico y social en el contexto insular. A raíz de la terciarización insular, merced a la actividad turística y a otros factores,  los ejes fundamentales y tradicionales de la economía municipal y comarcal se debilitaron, cediendo el protagonismo asumido durante siglos a otros municipios de la isla,  con mayores posibilidades de desarrollo dentro del contexto actual.

Actualidad

En la actualidad, y a pesar de la escasez de agua y del alto precio que por ella hay que pagar, siguen teniendo en el municipio una destacada importancia las actividades agrarias, en especial los cultivos de regadío como el plátano, la papa y hortalizas diversas, y que salvo el primero, tienen su destino final principalmente el mercado local.

La actividad ganadera (cabras y ovejas fundamentalmente) ha participado también, aunque en menor medida y de forma más residual, en la evolución socioeconómica de Guía, actividad que tiene su herencia en un pasado aborigen. No obstante, la ganadería presenta en eeste municipio unas connotaciones muy especiales, al estar ligada a la elaboración artesanal de queso que adquieren aquí una fama ampliamente reconocida, que tiene quizás su mejor ejemplo en el denominado “queso de flor”.

Barrios

Anzofé, Barranco del Pinar, Barranquillo Frío, Bascamao, Becerril, Caleta de Soria, Carretera Moya Palmital, Casas de Aguilar, Cuesta de Caraballo, Desaguaderos, Doñana, El Hormiguero , El Calabozo, El Gallego, El Junquillo, El Palmital, Farailaga, Hoya de Pineda, Hoya del Pedregal, La Atalaya, La Cañada, La Dehesa, La Suerte, Las Boticarias, Llanos de Parra, Lomo Betancort, Lomo Las Azucenas, Lomo Los Martínez, Marente, Mondragones, Montaña Alta, Paso María de los Santos, San Blas, San Felipe, San Juan, Santa Cristina, Santa María de Guía de Gran Canaria, Tres Cruces, Tres Palmas, Verdejo y Vergara.

De interés

Fachada de la iglesia de Guía (Fotografía: Y. M.)

Santa María de Guía es reconocida por su rico valor patrimonial y riqueza arquitectónica. El Casco Histórico fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1982, ya que en él se conservan numerosos y espléndidos ejemplos de la variada arquitectura que reside en la ciudad, donde destacan el frontis grancanario y la arquitectura neoclásica, que tienen en este espacio una de la mejores manifestaciones del archipiélago.

El Casco Histórico de Santa María de Guía destaca, además de por su entramado urbano y su modelo de desarrollo – a lo largo de la loma y no de forma radial alrededor del centro neurálgico, como era común en otros núcleos poblacionales de la época -, por la rica y variada arquitectura civil y religiosa que en él está representada. Son muy interesantes las visitas a la capilla de San Antonio, la iglesia del  Hospicio de Santa Catalina de Siena, convertida hoy en Teatro Municipal y levantada en el solar donde nació Sor Catalina de San Mateo. Fue declarado como “Monumento Histórico Artístico- Nacional” en el año 1982.

En cuanto a la arquitectura religiosa destaca, como no, el templo parroquial de Santa María de Guía, declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1981. Construido entre los siglos XVII y XIX y en cuya fachada se ven claramente representados dos estilos bien diferenciados – el barroco en el frontispicio y el neoclásico en las torres.También, la ermita de San Roque, construida en el siglo XVI y renovada en el XIX en estilo ecléctico.

La arquitectura doméstica es la que más variedad de estilos presenta. Ésta se puede clasificar según las épocas de construcción de las edificaciones y según las posibilidades económicas de sus propietaros. Atendiendo a esta clasificación podemos encontrar en Guía viviendas tradicionales – aquellas anteriores al siglo XVIII – de estilo señorial como la conocida Casa de Los Quintana y de estilo popular como algunas viviendas que se encuentran, sobre todo, en la parte alta de la ciudad. Las principales diferencias entre estos dos estilos están en el tamaño de las plantas y el uso de la piedra como elemento decorativo en la fachada. Destaca el balcón canario-mudejar en madera y blasón de los apellidos Guanarteme y Quintana.

La Casa de Néstor Álamo situada en la calle San José es un lugar digno de visitar. Se trata de una vivienda construida en el S. XVII. Restaurada recientemente por el Cabildo insular y el Ayuntamiento de Guía para su futuro uso como museo del autor. La casa de las artesanías (ayuntamiento Antiguo), es actualmente la sede de la oficina de información turística.

A partir de mediados del siglo XVIII se hizo popular un tipo de fachada de huecos simétricos que guardan siempre el orden y la proporción, atendiendo a los cánones del estilo neoclásico. Estas construcciones destacan también por las puertas adinteladas, los marcos de cantería en puertas y ventanas y por los balcones descubiertos. Son muchos los ejemplos de estilo de arquitectura los que se encuentran en el casco histórico, de entre los que destaca el edificio número 11 de la calle Marqués del Muni, cuyo diseño se le atribuye a Luján Pérez.También están representados en el casco de Santa María de Guía otros estilos arquitectónicos más recientes como el historicista, academicista, ecléctico, racionalista y el neocanario.

No puede obviarse la importante aportación guiense al ámbito de la cultura y, en particular, en los siglos XVIII y XIX.  Muchos han sido los personajes que han resaltado en el aspecto cultural, pero destacan, sobre todo por su aportación al ámbito regional e incluso nacional, el escultor Luján Pérez, el poeta Bento y el canónigo Gordillo, diputado y Presidente en las Cortes de Cádiz, donde nació, en 1812, la Primera Constitución que vio el territorio español.

Un aspecto cultural de gran relevancia para el municipio y para la isla lo constituyen las estancias que realizó el famoso compositor francés Camille Säints-Säens en la Villa Melpómene, a la entrada de la ciudad. Su peculiar  aportación cultural al municipio fue el asesoramiento en la compra de un magnífico órgano y el concierto que ofreció el día de su inauguración, el 14 de enero de 1900, que, según las crónicas del momento, “ fue todo un acontecimiento social y musical en la isla”.

Dentro de la música folclórica o popular, Néstor Álamo se yergue como uno de los compositores de más prestigio en el escenario regional. Numerosas obras suyas forman parte ya del vasto patrimonio musical canario.

Lugares

Por toda la geografía municipal encontraremos zonas con un especial atractivo, dignas de reconocer y visitar. Entre los yacimientos o lugares de interés prehispánicos está el Cenobio de Valerón, el granero colectivo más impresionante de la isla y que cuenta con alrededor de 350 cuevas excavadas en la roca volcánica. Situado en una zona de importante valor geológico y paisajístico, (Montaña del Gallego) en la ladera de un volcán y colgando sobre un impresionante y profundo barranco en los dominios del antiguo reino de Ágaldar, aquí podrá conocer, además de cómo se organizaban socioeconómicamente nuestros aborígenes otros aspectos relacionados con el yacimiento y la naturaleza de la zona.

Otro de los yacimientos importantes que se encuentra en la cima del anterior es El Tagoror del Gallego, compuesto por un área de forma semicircular en el que se aprecian tres tronos realizados en piedra excavada en la montaña y rodeados por lo que pudo ser una especie de gradas. Se cree que pudo ser un “Palacio de Justicia”.

En la costa, las piscinas naturales de Roque Prieto son un magnífico lugar para el baño, y también San Felipe, en el extremo occidental de la costa de Lairaga, en contacto con el océano a través de sus playas y  asombrosos acantilados, buena muestra del trabajo lento, artístico y majestuoso de este mar tan a menudo embravecido y tan fascinante, al mismo tiempo.

Más sosegadas y bucólicas son las excursiones que se pueden realizar por las medianías y los altos de Guía. A través de los magníficos caminos que surcan su geografía, se encuentran paisajes, espacios naturales y pequeños pueblos que son auténticos remansos de paz, en donde catar las delicias de la vida tranquila.

Gastronomía

Si hay un producto que da fama a Santa María de Guía y es símbolo del municipio ese es el queso y, de las variedades que aquí se elaboran, el más preciado es el conocido como Queso de Flor, cuyo proceso de elaboración y características especiales, así como su sabor, hacen que esté considerado como la joya gastronómica de Canarias. Pero éste es sólo una de las variedades que conforman la Denominación de Origen Protegida Queso de Flor de Guía, Queso de Medía Flor de Guía y Queso de Guía, que incluye a los quesos artesanos elaborados en las medianías del noroeste de la isla y cuyas características principales son el proceso de elaboración artesano, los métodos tradicionales de pastoreo, la transhumancia y el empleo del cuajo vegetal.

El queso es el alimento básico para algunas comidas que pueden saborearse no sólo en Guía sino en el resto de la Isla, como el mojo de queso o los buñuelos de queso tierno.

Y si los campos de Guía son tierra de ganado, en el viejo casco de la ciudad la gastronomía local tiene en la repostería a su mayor exponente. El surtido es variado y en él están incluidas las lengüillas, que son unos bizcochos de miga crujiente que reciben el nombre por el parecido de su forma; los mantecados y bollos de anís, de pasas, de canela o almendra.

La condición costera de Guía también favorece a que sus restaurantes ofrezcan la mejor selección de pescado de la zona: pulpitos, mejillones, cabrillas, viejas.

Fiestas

Bajada de la Rama de Guía a su paso por la plaza de San Roque (Fotografía: Y. M.).

En el apartado festivo y del gran elenco de fiestas que se celebran en el municipio, Las Marías pueden considerarse como las de mayor tradición y trascendencia. Celebradas siempre el tercer fin de semana de septiembre, tienen su origen en 1811, en la promesa que realizaron nuestros campesinos de realizar una ofrenda a la  Virgen todos los años. Esta  dádiva es un agradecimiento de los paisanos guienses a la Virgen que, tras  escuchar  sus plegarias, puso  fin a la plaga de langostas que devoraba la campiña. De esta manera, los romeros bajan cada año desde Vergara, en las medianías del municipio, al son de los tambores y las caracolas, hasta el frontis de la iglesia, donde depositan sus ramas  ante la Virgen, entre el estruendo de los bucios, los tambores y el agradecido bullicio de los oferentes. Finaliza Las Marías con una romería de gran tipismo y tradición que goza de gran fama y deferencia en la isla.

La fiesta se celebra todos los años el tercer fin de semana de septiembre y consta de dos actos principales: la Bajada de la Rama desde las medianías a Guía el sábado y la Procesión y Romería el domingo al mediodía. Durante la celebración de estos dos actos destaca el sonido de las caracolas o bucios y los tambores (en alegoría a los elementos utilizados para espantar la plaga). En cuanto a la romería, se dice de ella que es una de las más puras, bonitas y tradicionales de toda Canarias.

Las fiestas patronales son las Fiestas de la Virgen que se celebran durante la primera quincena de agosto en el Casco Histórico en honor a la Virgen de Guía, siendo su día más importante el día 15 en el que tienen lugar la procesión de la Patrona, por la mañana, y la Batalla de Flores, por la tarde. Durante ellas se llevan a cabo numerosos actos culturales, recreativos y religiosos, pero entre todos destacan tradiciones como los “papagüevos”, auténticos protagonistas durante todas las fiestas, el desfile de carrozas y la ya mencionada Batalla de Flores, divertida tradición que pone el cierre a las fiestas.

Las Fiestas de la Virgen son las fiestas principales de Santa María de Guía, históricas y de mucho arraigo en la comarca noroeste de la isla. Se celebran desde hace siglos en honor a la Virgen de Guía, que es una de las advocaciones más antiguas de Gran Canaria y cuenta con numerosos devotos en la zona.

Durante los quince días que duran los festejos tienen lugar variados y diferentes actos culturales como charlas, exposiciones, representaciones teatrales, actuaciones musicales, festivales folclóricos; también actos deportivos, recreativos y religiosos. En el tiempo que duran, familias enteras se reúnen, sobre todo, en torno a los actos principales, y de ellos son los desfiles de Papagüevos los que mayor expectación despiertan en los más pequeños. También la Batalla de Flores, en la que niños y mayores se divierten de lo lindo lanzando bolas de confeti a las carrozas de la tradicional Cabalgata de Carrozas.

La Fiesta del Queso es muestra del arraigo de la actividad quesera en la zona. Nació en el año 1977 como iniciativa de los vecinos del barrio de Montaña Alta con el objetivo de valorar y reconocer la labor que desempeñan los queseros y el acervo cultural ligado a ello, además de difundir estos valores a la población y visitantes.

Esta fiesta, que se celebra siempre el primer domingo de mayo, es todavía organizada por los vecinos del barrio, que hacen muestra de su hospitalidad ofreciendo a todos los visitantes degustaciones de comidas típicas. También los queseros y artesanos ofrecen sus mejores productos y se organizan demostraciones de actividades tradicionales relacionadas con la ganadería y el pastoreo.

Después de unos años, esta fiesta comenzó a celebrarse también el en casco histórico de la ciudad. Aquí, además de la venta de queso y productos artesanos, tiene lugar la Cata Insular “Quesos de Flor de Guía”. Esta jornada se celebra siempre el último domingo de abril.

El resto de los barrios gozan también de festejos que terminan de completar el calendario festivo del municipio, enriqueciéndolo y añadiendo cada uno de ellos unas gotas de tradición y festividad a toda nuestra geografía. De esta manera, se celebran en el barrio de Anzo las fiestas por Santa Rita, el 19 de mayo; San Felipe celebra el 26 de mayo su devoción a San Felipe Neri; en  La Atalaya, las fiestas de San Pedro, durante el mes de junio; San Juan, el 24 de junio, en el pago homónimo; y San Francisco de Asís, en Casas de Aguilar, el 4 de octubre.

Más información:
Oficina de Información Turística
Calle San José 9
Teléfono 928 553 043
Correo electrónico: turismo@santamariadeguia.es
www.santamariadeguia.es