Un pueblo troglodita en Gran Canaria

Las estrellas desbordan el cielo. Estamos en Acusa Seca Cave House, la cueva 34 del poblado troglodita de Acusa Seca, a 900 metros sobre el nivel del mar, en la vertiente noroeste de la Cuenca de Tejeda, dentro de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria. Justo delante, a unos cuatro kilómetros de distancia, se distingue el Roque Bentayga en la oscuridad. Es uno de los emblemas de la isla: unos 164 metros de altura (por su cara norte) a 1.400 metros sobre el nivel del mar. Tras él, las luces dispersas del pueblo de Tejeda parecen una base científica en la Luna. ¿De verdad estamos sobre la Tierra? En el poblado hay luz eléctrica, pero esta noche elegimos iluminarnos con velas.

Momia hallada en el asentamiento de Acusa, en Gran Canaria. /ARCHIVO DEL MUSEO CANARIO

Llegar hasta Acusa Seca, en el municipio de Artenara, requiere hora y media en coche desde Las Palmas, serpenteando por barrancos y atravesando las brumas del centro de la isla. Aquí el cielo se vuelve azul otra vez. Estamos en uno de los asentamientos en cuevas más extenso y mejor conservado de Gran Canaria. Cerca fueron descubiertas las siete momias prehispánicas que hoy se exponen como uno de los principales reclamos en el Museo Canario de Las Palmas. La vida troglodita siguió después de la Conquista de la isla en 1483. Hasta los años 50 del siglo XX en Acusa Seca cada cueva tenía un uso: colegio, iglesia, almacén, incluso una hacía las veces de cárcel. Hoy la mayoría son estancias de fin de semana.

Mil metros de acantilado

Acusa Seca es perfecta para caminar. El sendero S-88 une el poblado con el casco de Artenara, a 3,5 kilómetros y una hora de trayecto. Una visita al pueblo será útil para ir al súper o almorzar. La Cilla, con sus imponentes vistas, y La Casa del Correo, especializado en potaje de berros y carne de cochino, son restaurantes recomendables. En el sentido opuesto, el S-88 sigue el Barranco Grande hasta Acusa Verde y regresa al poblado pasando por la Vega de Acusa. En el camino aparece El Álamo, un granero original del siglo XI que demuestra la importancia del lugar como enclave agrícola y ganadero para los canarios prehispánicos.

Senderismo en el Pinar de Tamadaba, perteneciente a la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria. / AMALIA MÁRQUEZ

El tiempo pasa despacio entre tabaibas, cabras, aulagas, abejorros, cernícalos y tuneras. El palmeral que se divisa en lo hondo del barranco, explica Manuel, es uno de los más antiguos y puros de Canarias. Relajando la vista en el monumental paisaje se llega a comprender por qué el Roque Nublo, principal símbolo de identidad de la isla, recibió su nombre. Mantos de nubes lo han estado tapando y destapando durante todo el día en lo alto, mientras en el resto luce un sol inagotable.

Para la excursión que enamorará definitivamente al visitante se necesita un coche. A 15 minutos desde la salida a la carretera GC-216 en dirección a Tamadaba hay que aparcar en el kilómetro 8, comienzo inicio del camino que conduce al risco Faneque. Es el sendero S-91, dos kilómetros y treinta minutos de caminata cuesta abajo entre el pinar que conducen a uno de los acantilados costeros más altos del mundo: 1.027 metros sobre el nivel del mar. Las nubes se tiñen de naranja mientras la isla perfila sus crestas y el sol acaricia el Teide en la vecina Tenerife. El atardecer con el puerto de Las Nieves de Agaete a vista de pájaro desde Faneque es una pintura perfecta. Con las primeras estrellas brillando en el cielo es hora de regresar al refugio de la cueva.1463045839_668318_1463046317_noticia_normal

 

http://elviajero.elpais.com/elviajero/2016/05/12/actualidad/1463045839_668318.html




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